Consideraciones para México sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte

El 16 de agosto se inició la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Este acuerdo comercial, vigente desde el 1 de enero de 1994, se creó con el objetivo de eliminar las barreras de mercado entre México, Estados Unidos y Canadá para diversos bienes y servicios. La eliminación de tarifas arancelarias prevista en este acuerdo permitió el crecimiento del intercambio comercial y la inversión entre los tres países, y promovió la creación de líneas de producción especializadas.

La renegociación del TLCAN se debe al impulso de la actual administración de los Estados Unidos. Desde la contienda electoral de 2016, el presidente Donald Trump señaló al TLCAN como el “peor acuerdo comercial en la historia de Estados Unidos”. Entre las principales razones por las cuales el gobierno de los Estados Unidos busca esta renegociación se encuentran la disminución del déficit comercial entre los EEUU y los otros dos países miembros, y actualizar y fortalecer las reglas de origen.

En el caso mexicano, la industria que más comúnmente se identifica como una de las beneficiadas por el TLCAN es la automotriz. A partir de la implementación del TLCAN en 1994, la producción de vehículos en México, tanto ligeros como pesados, ha subido de aproximadamente un millón en 1994, a más de tres millones en 2015, y obtuvo nueve de las últimas 11 plantas de ensamblaje anunciadas para Norteamérica entre 2011 y 2016 (Swiecki & Maranger Menk, 2016). No toda esta producción debe ser atribuida únicamente al TLCAN ­­— México tiene acuerdos de libre comercio con 45 países que equivalen al 60% de la economía global y es miembro del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés)— pero éste ha sido el principal detonante. Dada la naturaleza de la industria automotriz, los costos de transportación son elevados, lo cual privilegia las líneas de producción regionales tales como Norteamérica.

El impulso de la actual administración de Estados Unidos para renegociar el TLCAN ha generado incertidumbre entre líderes industriales, inversionistas y ciudadanía en los tres países. A nivel industrial, la producción y ensamblaje de bienes se vería afectada por las tarifas arancelarias generadas al cruzar aduanas. Es común que las piezas y componentes crucen las fronteras en múltiples ocasiones antes de resultar en un producto final. Naturalmente, la imposición de tarifas elevaría los costos de producción. Para la ciudadanía esto significaría el aumento de precios de varios bienes y servicios, o la potencial desaparición de ellos en el mercado.

Las rondas de negociación de un potencial nuevo TLCAN han revelado discrepancias entre los países miembros, lo cual han contribuido a que la percepción de un impasse. Esto es de esperarse dada la táctica de negociación dura que la administración de EEUU ha adoptado para aumentar los requerimientos que deben de cumplir los bienes para poder calificar como libres de tarifas arancelarias bajo el TLCAN (esto es, las reglas de origen). Actualmente, el TLCAN requiere que el 62.5% de un vehículo sea producido en cuando menos uno de los tres países miembro para poder cruzar fronteras libre de tarifas. Para Estados Unidos es importante aumentar este porcentaje —el cual es de por sí el más alto de cualquier bloque comercial— y, probablemente, imponer un requisito mínimo de contenido estadounidense.

Desde la perspectiva de la administración estadounidense, estas medidas proteccionistas garantizarían la retención y generación de empleos que se han perdido debido al TLCAN —muchos de los cuales han sido relocalizados a las plantas mexicanas. Sin embargo, los números cuentan otra historia. Entre 1994 y 2000 se crearon más de 400,000 empleos de manufactura en Estados Unidos. A partir de esta fecha, Estados Unidos ha perdido cerca de cinco millones de empleos en manufactura, de los cuales cerca del 88% se debe a la automatización y el aumento de productividad de las plantas estadounidenses, y no al desplazamiento de plazas laborales a otros países debido a acuerdos comerciales (Hicks & Devaraj, 2017).

El TLCAN ha creado empleos en el área de manufactura tanto en México como en Estados Unidos. Sin embargo, existen diversas razones por las cuales existe la percepción de que México ha sido el ganador en la industria automotriz. De 1993 a 2013, la exportación de bienes de creció del 8.56% del valor del Producto Interno Bruto (PIB) a 36.95% del PIB en 2013, y el PIB per cápita aumentó de USD 7,484 a USD 17,225 para un crecimiento de 130.16% (El crecimiento promedio para países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos fue de 108.31%). No obstante, el crecimiento económico anual del país ha promediado apenas 2.5% y diversos indicadores sociales como salarios reales y porcentaje de la población viviendo bajo la línea de pobreza se han mantenido constantes. El 20% más rico de México acapara la mitad del ingreso nacional, mientras que el 20% más pobre tiene únicamente el 5% de la riqueza. La desigualdad en el país solo se ha acentuado.

Uno de los puntos sobre los cuales Estados Unidos y Canadá han puesto mayor énfasis es en la dificultad que tienen para competir contra la mano de obra mexicana debido a su bajo precio. Si bien durante las negociaciones durante inicios de la década de los noventa para el TLCAN se consideró que la mayor inversión de empresas extranjeras en México resultaría en un aumento de los salarios y la calidad de vida de los trabajadores mexicanos, esto no sucedió. En términos reales para 1994-2013, el PIB per cápita subió únicamente 18.6% (0.9% anual), solamente por encima de Venezuela y Guatemala dentro de 20 economías latinoamericanas. Estas cifras, sin embargo, no pueden atribuirse únicamente a un estancamiento de la economía mexicana. La política monetaria mexicana implementada ha procurado mantener la inflación alrededor del 3% anual a cambio de tasas de interés variables y un tipo de cambio un tanto más volátil.

Como se señaló, los salarios en México se han abordado dentro de la renegociación del TLCAN. Estados Unidos y Canadá consideran que es difícil competir contra el precio de la mano de obra mexicana. México sostiene que ese es un tema que no le corresponde discutir a un bloque comercial y se trata más bien de regulación estrictamente local. La cooperación regulatoria es un tema que deberá ser abordado y solucionado para poder obtener una solución al impasse. La regulación asimétrica entre los tres países no solo ha perjudicado a Estados Unidos y Canadá. Estados Unidos mantiene fuertes subsidios para sus productos de agricultura destinados a la exportación (lo cual ha resultado en una pérdida neta de casi dos millones de empleos en agricultura mexicana, tomando en cuenta los que se generaron a través de agricultura de temporada), y las tarifas que el gobierno canadiense cobra para la obtención de madera blanda constituyen prácticamente un subsidio al producto (Ahmed & Malkin, 2017). Tanto en agricultura como en madera y salarios, la regulación asimétrica ha operado en beneficio del país miembro exportador.

La solución de estos temas se dará a través del fortalecimiento de los mecanismos de solución de conflictos previstos en un nuevo TLCAN. En su versión actual, el TLCAN presenta dificultades para la formación de paneles para la resolución de disputas entre Estados. Acuerdos comerciales más recientes, como el TPP, prevén mecanismos más efectivos para hacer frente a los intentos de estados miembro para frenar la formación de paneles, tales como la designación de terceros y selecciones aleatorias cuando un estado miembro no ha actuado de buena fe. La renegociación del TLCAN abre la puerta a la incorporación de nuevas áreas que a inicios de los noventa no fueron previstas. Tales como comercio y prestación de servicios electrónicos, competencia regulatoria y empresas con participación estatal mayoritaria y empresas controladas por los estados.

Es difícil vislumbrar un futuro en el que no exista un TLCAN. Los consumidores mexicanos han tenido acceso a más productos y servicios a precios más competitivos. Por otra parte, la liberación y apertura de las fronteras entre los tres países ha promovido la creación de líneas de producción especializadas. Es por ello que diversas voces industriales han presionado a la administración estadounidense para mantener el acuerdo comercial. El aumento de los costos de producción, y las consecuencias que esto tendría en las inversiones estadounidenses en territorio mexicano servirán para disuadir cualquier intención de terminación del acuerdo por parte de Estados Unidos. A ello hay que agregar la dificultad que surgirá al tener que derogar legislación secundaria puesta en vigencia para la implementación del TLCAN, tal como el North America Free Trade Agreement Implementation Act. Si bien la mayor parte de esta legislación quedará sin efectos si el TLCAN es derogado, ello presentará incentivos al poder legislativo estadounidense para adoptar medidas para mitigar los daños que la terminación del TLCAN pueda provocar.

Al mismo tiempo, la renegociación debe servir a México para encontrar soluciones a problemas que le han aquejado desde hace más de veinte años. Los beneficios del TLCAN han servido en diversas ocasiones como una línea de rescate para diversas crisis que ha enfrentado nuestro país, tales como la falta de creación de nuevos empleos en ramas distintas a las beneficiadas por el acuerdo. También deberá servir como una plataforma para poder diseñar e implementar soluciones para sectores estancados, como el campo.

 

Referencias

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Calva Téllez, J. (2004). Efectos del TLCAN en la economía mexicana y algunas reflexiones sobre el sector agrícola. Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Jurídicas.

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3 comments to “Consideraciones para México sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte”

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  1. Roberto Cruz - Oct 25, 2017 Responder

    Muy acertados puntos de vista. Las grandes empresas transnacionales siempre buscan países con mano de obra barata. Considero que al final seguirá el TLC con revisión cada 5 años con una perspectiva de ganar los 3 Países.

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